Hoy, como todos los días, hay algo que muere y a su vez algo que nace. Dejo así morir mis ganas de escribir para dar la bienvenida a este nuevo espacio desde el que compartir y compartirme mientras mi mundo se transforma y yo trato de entregarme a ese cambio como puedo.

Sin tener claro por dónde empezar, y sujetando mis ganas de comunicar siempre desde las nubes, agradezco con este primer pasito al nombre que nos acercó a este espacio al nacer, la estructura base del proyecto, las raíces de este lugar, “Observando-Ando”
Simplemente, como algo más. Una propuesta que surge del amor, la curiosidad y las ganas de compartir. Una semilla que, sin conocer destino ni fruto, es arrojada a la Vida en su camino natural hacia tierra fértil, agua y luz solar.
“Observando-Ando”, como un camino de ida y vuelta. Un transitar infinito entre la consciencia y la acción, la acción y la consciencia. Una invitación compartida para conocernos mejor, conocer mejor el mundo y conocer mejor las relaciones entre lo de dentro y lo de fuera. Un comprender para responsabilizarme de “lo mío” y soltar lo ajeno cuando me pesa y no me permite avanzar hacia el Amor. Un “darme cuenta” para ir integrando y colocando todo. Un comprender para poder accionar con libertad. Un observar, para caminar por el mundo teniendo en cuenta al otro pero sin olvidarme de mi verdadero hogar.
Observando desde lo alto del Cielo y andando desde las raíces de la Tierra. Conectado al Padre y a la Madre, a lo masculino y a lo femenino, en un ir y venir infinito. Como las mareas del océano o los ciclos del aire al respirar. Una y mil veces contra la misma piedra, una y mil veces vaciando para llenar. Viajando de la cabeza a los pies y de los pies a la cabeza. Aprendiendo, observando, andando…, quizás, cada día, desde un nuevo lugar.
Hoy, como todos los días, hay algo que muere y a su vez algo que nace.
Ojos y manos para transformarse, manos y ojos para transformar el mundo con el que nos toca jugar.
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